¿Qué te hace sonreír?

5. Empieza tu relato con una pregunta y acábalo con la respuesta.

«¿Qué te hace sonreír?»

«¿Qué te hace sonreír?». Llevo horas mirando el techo haciéndome esa pregunta y no hay forma posible de responderla.

Los gritos de mis compañeros de piso vuelven a interrumpir mi hilo de pensamientos. No sé cuál es el problema ahora, quizás y solo quizás, el problema sean ellos. Tal vez sea mejor salir a la calle y que la noche me envuelva, ser invisible eso estaría bien o que las cosas me resbalaran… Tal vez así además consiga respirar.

La noche es fría y aún hay gente paseando por la calle. Noto cómo un grupo de jóvenes de mi edad me sigue con la mirada, y automáticamente tiemblo, ante la idea de que puedan estar apuntándome con el dedo y mofándose. Me tranquilizo pensando en la pregunta que lleva horas atormentándome. ¡Pero sus risas!, oigo sus risas y ese adjetivo que siempre me han impuesto. Al mismo tiempo también oigo un frenazo cercano y una leve mueca se asoma en mi cara pensando que tal vez tengan algo que ver.
Me dejo guiar por todas las veces que he tenido ganas de que todo acabase con la muerte, y llego a los recreativos. Hacía tiempo que no entraba. Escojo una máquina al azar y empiezo a jugar.

Jugar no es como montar en bici, pierdes la práctica, pierdes los reflejos. Y empiezas a perder las vidas por mucho esfuerzo que pongas. Deja de importarte cuando a cada inicio de vida en tu mente les llamas a todo con lo que te irrita en la vida: la gente que te señala y se burla de ti, tus compañeros de piso que se odian tanto que están con gente que no soportan, los conductores que no ponen el intermitente, los microclimas que te destrozan los planes, los planes que se rompen, tu familia y a veces tú también. Sonrío al pensar cómo todo se destroza, cómo revienta en una piñata de vísceras, cómo comienzo a respirar, cómo encuentro sentido a todo lo que me rodea. Tengo una oportunidad para ganar el juego, para pasar al otro lado de la acera, pero a esta vida la llamé Expectativas y no estoy dispuesto a dejarla viviendo. Cuando el coche choca contra ella me siento libre, como nunca lo había sido.

¡He perdido! Y no puedo dejar de sonreír, por el orgullo que siento elevo los brazos y alguien se me acerca y murmulla algo entre decepción y burla. Pero me da igual, Expectativas ha muerto, su sangre aún está cubriendo toda la carretera y nadie acude a reanimarla.
Salgo a la calle. El mismo grupo sigue sentado pero ya no me importa, ya no siento sus dedos como cuchillos sino como trozos de plastilina. Ya no oigo siquiera sus palabras porque han muerto.
Llego al piso y siguen gritándose. Antes de cerrar la puerta de la calle, uno me arroya a su paso tras dar un portazo en su cuarto. Yo cierro la puerta sin inmutarme. Sigo sonriendo. Recordando la sangre, recordando cómo se lo llevó por delante.

Me meto en mi cuarto y cojo el formulario de actitud, junto a «¿Qué te hace sonreír?» y escribo: Ver vídeos de gatitos.

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